A veces tengo la sensación de que lo natural resulta incómodo o peligroso.
Cagar da mal olor, mear moja y ensucia, coger contagia.
Dormir es una pérdida de tiempo.
Es de buenos modales comer y beber haciendo el menor ruido posible. Y si es rico seguramente hace mal.
En esta época en que se popularizaron una multitud de manjares con los que mi abuela no habría soñado, y en la que el mundo tiene acceso a agua y jabón como nunca antes.
En pleno discurso de liberación sexual, pero en la que pocas mujeres experimentaron o siquiera saben que hay tres tipos de orgasmos femeninos latentes en su propio cuerpo.
Mucha teoría pero poca experiencia, las experiencias más simples y naturales parecen ser un problema.
Ahora también tocarse y besarse es peligroso.
¿Soy yo o la humanidad está siguiendo una tendencia coherente que no hace más que profundizarse y consolidarse?